Lo importante es lo que no se ve

Espiritualidad

UNA REFLEXIÓN DEMASIADO INCÓMODA

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La mente del ser humano es capaz de crear cosas maravillosas.

Nuestra enorme capacidad intelectual nos permite concebir ideas y conceptos extraordinarios que no somos capaces de encontrar en la naturaleza que nos rodea y eso nos convierte en creadores puros.

De hecho, una de nuestras creaciones intelectuales de carácter abstracto nos caracteriza y nos define como especie.

Y no, no estamos hablando del arte, ni de las matemáticas, ni de la religión, ni tampoco del sentido del humor…

Estamos hablando de la Hipocresía.

A pesar de sus obvias connotaciones negativas, la hipocresía es un fruto de nuestro intelecto superior.

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La hipocresía ha adquirido tal nivel de refinamiento y elaboración en el ser humano y la tenemos tan arraigada en nuestro interior, que ha llegado a confundir nuestra visión de la realidad hasta límites insospechados.

Hemos alcanzado tal nivel de hipocresía existencial y estamos inmersos en tal nivel de confusión sobre la naturaleza de nuestras acciones, que llegamos a confundir el egoísmo más descarnado y abyecto con actitudes de amor y respeto que nada tienen que ver con la naturaleza real de nuestras acciones.

Uno de los ejemplos más flagrantes de ello lo vemos reflejado en nuestra relación con los animales.

Éste es un tema realmente duro de tratar, pues despierta reacciones encontradas y muchas veces viscerales, que huyen de toda capacidad de análisis frío y razonado.

Pero si tenemos el valor de ser sinceros con nosotros mismos, deberemos aceptar que la relación que nuestra especie mantiene con los otros animales de este planeta es sencillamente vergonzosa.

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Y no, el paso del tiempo no ha mejorado la situación: la ha empeorado.

A pesar de lo que mucha gente quiere creer, en la actualidad hemos alcanzado los mayores niveles de crueldad y vileza respecto al resto de animales, porque a diferencia de otras épocas o de civilizaciones anteriores, ahora nuestra relación con ellos está bañada en la más vomitiva de las hipocresías.

Ciertamente, para llegar al estado actual, hemos echado mano durante siglos de otra de nuestras “mejores creaciones intelectuales”: la arrogancia.

Nuestra arrogancia como especie nos ha llevado a creer que los demás animales son incapaces de sentir emociones, de pensar, de tener personalidad propia, de desarrollar elementos culturales o de comunicarse entre sí.

Y para llegar a tales conclusiones nos hemos basado en el hecho de que no somos capaces de comprobar la existencia de ninguna de estas características o elementos en los otros animales, simplemente porque no comprendemos cómo se expresan.

Eso nos ha permitido auto convencernos de la inferioridad de los demás animales y con ello hemos negado cualquier atisbo que los asemeje al ser humano.

Ha sido un acto de arrogancia interesada, que nos ha permitido vaciarlos de contenido y con ello hemos podido conceptualizarlos prácticamente como si fueran objetos que podemos manipular a nuestro antojo, sin tener que enfrentarnos a ningún sentimiento de culpa.

Gracias a la perfecta simbiosis entre arrogancia e hipocresía, nos hemos permitido la libertad de convertir a los animales en esclavos a nuestro servicio; de atarlos, encerrarlos, enjaularlos, maltratarlos o incluso, en la actualidad, matarlos en masa aplicando técnicas de asesinato industrial.

Y gracias a ese maravilloso instrumento intelectual llamado hipocresía, hemos conseguido tranquilizar nuestras conciencias, pues a nuestros actos les hemos aplicado la etiqueta de “necesidad económica o alimenticia” y en los casos más bajos y abyectos, el calificativo de “tradición y cultura”.

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LA FIESTA

Cuando hablamos de maltrato a los animales disfrazado de “tradición y cultura”, obviamente el ejemplo más paradigmático, vomitivo y repugnante de ello son las corridas de toros y otros festivales similares, en los que un conjunto de degenerados se reúnen para ver como una serie de personas torturan a un animal hasta matarlo.

No existe un espectáculo en todo el mundo que sea capaz de plasmar un nivel tan elevado de vileza, miseria humana y cobardía, como el que nos ofrece una corrida de toros.

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Mucha gente contraria a este infame espectáculo, tiende a focalizar sus iras sobre los toreros o las personas que saltan al ruedo a enfrentarse con el animal.

Pero si lo analizamos fríamente, y aunque resulte paradójico, el torero es quizás el único de los implicados que merece un mínimo respeto.

Sí, es cierto: se gana la vida torturando y matando animales, como esgrimirán los animalistas.

Pero seamos sinceros: eso no le aleja demasiado de un empleado de matadero, encargado de ejecutar diariamente a miles de cerdos, pollos o vacas indefensos, con la diferencia de que el “diestro” arriesga su integridad física con ello.

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Aquí, los auténticos seres mezquinos y depravados son las personas que pagan dinero por asistir al espectáculo.

Un conjunto de cobardes, morbosos y sádicos que no tienen el valor de bajar a la arena a enfrentarse al toro para cumplir con esa “noble tradición que tanto dicen amar”.

Si realmente amaran la tauromaquia y la consideraran “un noble enfrentamiento entre el hombre y el animal”, tal y como ellos la califican, no se ocultarían tras altas barreras de madera, ni se sentarían en inaccesibles gradas a varios metros por encima del ruedo. Estarían abajo, en contacto directo con “la fiesta” y con el riesgo que conlleva.

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Y es que por más que lo nieguen, en lo más profundo de sus corazones, estos seres ruines e hipócritas albergan el deseo íntimo e inconfesable de que el toro cornee al diestro y le desgarre la carne, porque en el fondo le tienen envidia por ser capaz de matar al animal con sus propias manos.

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Así pues, una corrida de toros en el fondo no es más que un espejo en el que se miran los espectadores: un espejo en el que ven reflejado su propio sadismo y su execrable cobardía.

Y poco importa que quienes asistan a este espectáculo sean jueces, futbolistas, mandatarios o artistas, aunque se llamen Picasso, Hemingway o Joaquín Sabina: son una viva representación de lo más bajo de la especie humana y de su más descarnada hipocresía y falta de nobleza.

Es algo que cuesta de asimilar, pero que debemos aceptar como una de las grandes “maravillas de la naturaleza”: y es que alguien puede ser un depravado, un vil cobarde y un completo miserable y a la vez ser un gran artista.

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EL EXTERMINIO INDUSTRIALIZADO

Pero más allá del caso de las corridas de toros, que es un caso muy llamativo, pero que no deja de ser una representación residual, localista y provinciana de la indignidad humana, lo que realmente caracteriza en el mundo actual nuestra crueldad e hipocresía hacia los animales, es nuestra capacidad para aplicar técnicas industriales de asesinato masivo.

Somos uno de los pocos animales capaces de crear grandes cantidades de vida con el único objetivo de poder destruirla después y lo hacemos con una frialdad e indiferencia que deberían poner en duda muchos de esos supuestos principios morales y religiosos de los que tanto nos gusta hablar.

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Para nosotros, las gallinas, los cerdos o las vacas se han convertido en meras unidades proveedoras de proteínas y somos capaces de criarlos y hacinarlos de por vida en campos de exterminio sin tan solo llegar a plantearnos ni la más mínima duda sobre nuestra actitud ni sobre el dolor y el sufrimiento que causamos.

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Nuestra capacidad de abstracción, impulsada por nuestra arrogancia y nuestra hipocresía, nos permite borrar de nuestras mentes la visión de los animales a nivel individual, para convertirlos en representaciones de las etiquetas que les aplicamos (“cerdos”, “pollos”, “terneras”), convirtiéndolos así en objetos animados.

Y al hacerlo, accionamos prácticamente los mismos mecanismos mentales que utilizamos cuando caracterizamos a un enemigo, lo clasificamos según su uniforme y lo etiquetamos como “comunista”, “judío”, “negro” o “francés” para arrebatarle así todo atisbo de individualidad o humanidad, borrar toda posibilidad de empatía con él y poder matarlo libremente en nombre de unos ideales, una bandera o una patria.

Es así de triste y terrorífico: en el fondo de nuestras mentes, acabamos utilizando la misma lógica para matar a un pollo que para matar a un enemigo, con la diferencia de que los animales están indefensos y podemos aplicar sobre ellos nuestras eficientes técnicas de exterminio industrial.

Y poco importa que regularmente surjan mil y un estudios científicos que demuestren que todos estos animales albergan muchos más parecidos con nosotros que los que creíamos inicialmente.

(pinchar en las imágenes para ir a los artículos)

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Ante la amenaza de un posible ataque de conciencia que remueva nuestras creencias y estructuras mentales, aplicamos rápidamente el mecanismo “etiquetador”, que nos permite clasificar a los animales en diferentes categorías y así podemos exterminar en masa a aquellos que nos conviene, mientras elevamos a la categoría de “mejores amigos” a los que mejor obedecen a nuestros intereses.

LA VERDAD SOBRE LOS ANIMALES DOMÉSTICOS

A estas alturas del artículo es posible que muchos de los lectores se muestren de acuerdo con mucho de lo expuesto.

Al fin y al cabo hemos tocado los “temas fáciles”: las corridas de toros, el exterminio industrializado en granjas y mataderos y a ello habríamos podido añadir los experimentos científicos con animales, todos ellos temas controvertidos y discutibles, pero para los que existe un argumentario sólido ampliamente defendido por los “defensores de los derechos animales”.

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Pero existen otras ramificaciones en este tema, que como decíamos anteriormente, pueden provocar reacciones viscerales, pues tocan la fibra de nuestra más detestable y arraigada hipocresía.

¿Qué tal si abordamos sin tapujos la falsedad que rodea el mundo de los animales domésticos?

Empecemos a arrancar algunas máscaras de hipocresía.

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Resulta indignante ver como alguien se autocalifica como “amante de los animales” simplemente porqué tiene un perro o un gato en su casa.

Un auténtico “amante de los animales” amaría a todos los animales sin distinción y no solo a determinadas especies domesticadas convertibles en mascotas.

Se preocuparía, no solamente por el bienestar de su bien amado perrito, sino por el de todos los perros, gatos, ratas, pájaros, mamíferos, reptiles e invertebrados del reino animal, fueran los que fueran y estuvieran donde estuvieran.

Un auténtico “amante de los animales” no podría estar acariciando plácidamente a su gatito sabiendo que miles de cerdos, potencialmente más inteligentes y cariñosos que su minino, viajan cada segundo por cintas transportadores camino de una muerte fría y cruel para acabar llenando finalmente su nevera, o que miles de simios, muchos de los cuales están dotados de más personalidad que algunos de sus amigos, son torturados en nombre del avance científico en laboratorios de todo el planeta.

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Así, pues, por favor, no seamos tan rematadamente hipócritas y no insultemos nuestra inteligencia y la de los demás calificándonos a nosotros mismos de “amantes de los animales”.

La mayoría de nosotros no somos “amantes de los animales”, porque los animales en general nos importan un cuerno; lo único que nos importa son nuestras mascotas.

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Pero subamos un escalafón más en el nivel de hipocresía.

En la sociedad actual hay un número creciente de personas que prefieren antes a los animales de compañía que a los seres humanos.

Las redes están llenas de webs de amantes de los perros, en los que se califica a estos animales de “auténticos ángeles” y donde prácticamente son etiquetados como “seres superiores” a nosotros.

En algunos casos parece que estemos a los albores de una nueva religión canina.

Estas personas, muchas veces con una expresión cuasi mística en sus caras, como si acabaran de ver a la Virgen, no tienen ningún reparo en afirmar que “los perros son mejores que las personas”.

Y quizás tengan razón.

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Pero también existe otra opción: y es que en muchos de estos casos (no en todos, no generalizamos), prefieran relacionarse con perros que con personas por mera comodidad y por puro egoísmo.

Y es que las personas somos complejas, somos difíciles, contradictorias, podemos causar dolor con nuestras decisiones y actitudes y exigimos un nivel de compromiso, esfuerzo intelectual y sacrificio que jamás exigirá un perro.

Así pues, quizás detrás de este exacerbado amor a los perros, lo que se oculte realmente sea comodidad, miedo, incapacidad para sentir empatía hacia los demás y un profundo egoísmo disfrazado de amor a los animales, con el que este tipo de personas encuentran el subterfugio perfecto para huir de todo compromiso con otros seres humanos.

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Simple y llanamente, prefieren la compañía de perros, porque son más fáciles de tratar que las personas: sus respuestas son predecibles y permiten depositar sobre ellos cariño y buenos sentimientos, obteniendo a cambio una recompensa instantánea también en forma de cariño por parte del animal.

Son “fast food” emocional; una forma rápida y cómoda de obtener alimento emocional sin verse obligados a meterse en la cocina de las relaciones humanas, donde uno se ve obligado a elaborar complicadas recetas que pueden salir mal.

Así pues, arranquemos también esta máscara de hipocresía.

Vivimos en una sociedad donde hay gente que cuida a sus perros como si fueran hijos o miembros de sus familias, pero en cambio abandona a sus padres en residencias de ancianos, como si fueran pollos de granja esperando “su turno”.

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LA PROPIEDAD SOBRE LOS ANIMALES

Como decíamos en un artículo anterior, en nuestra mente hemos creado un concepto ficticio que nos ha llevado a considerarnos propietarios de todo cuanto hay en este planeta.

Creemos que el planeta entero y todo lo que alberga está a nuestro servicio.

Y los animales domésticos son un buen ejemplo de ello, a pesar de que mucha gente se niegue a aceptarlo.

Porque en realidad, las mascotas que tenemos en nuestras casas y que tanto simulamos estimar, no son nada mas que un producto para nosotros. Un producto de nuestra propiedad, como lo es una lavadora o unos pantalones.

Y como todo buen producto a nuestro servicio, debe cumplir una función que nos resulte útil.

Y esa función es hacernos compañía y ofrecernos dosis de afecto gratuito y fácil, sin las ataduras y complicaciones que entrañan las relaciones humanas.

Así es como le robamos la inmensidad del mar a pececitos de colores y los enclaustramos en pequeñas peceras con ridículos elementos decorativos o le robamos la inmensidad del cielo a los pájaros y los encerramos en jaulas minúsculas en las cuales asistimos fascinados al bonito espectáculo de su desesperación.

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Porque para nosotros son simples productos. Productos que compramos en tiendas dedicadas al secuestro profesional.

Y esto nos ha llevado a vivir en ciudades repletas de prisioneros.

Gatos y perros condenados a cadena perpetua en pisos reducidos, con derecho a un par de paseos diarios y al beneficio de algún capricho jugoso entre ración y ración de pienso.

Y ya en el colmo de nuestro egoísmo y repugnante hipocresía, los castramos con la excusa de “ahorrarles el sufrimiento” que implica el deseo sexual que no podrán ver satisfecho, cuando en realidad lo hacemos para que cumplan, como esclavos sumisos, con su misión de hacernos sentir bien, sin tener que sufrir nosotros la incomodidad de sus necesidades reproductivas.

De forma hipócrita e innoble nos decimos a nosotros mismos que es “lo mejor para ellos” y nos convencemos de que somos lo mejor que les ha podido ocurrir a esos animales, pues les damos “mucho amor” y una “buena vida”.

Sin duda es la vida que todos soñamos tener, ¿no?

Cadena perpetua en una pequeña cárcel, pienso diario, castrados sin derecho a las relaciones sexuales y programados para amar a nuestros carceleros, que nos premian con caricias y carantoñas en nuestra celda.

Un sueño hecho realidad…

¡Cuánto cinismo!

¡Cuánta hipocresía!

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Es bajo pretextos como estos, que educamos a nuestros hijos llevándolos al zoológico, esa horrenda cárcel repleta de presos de todo el mundo, perfectamente clasificados y expuestos para nuestro apático disfrute.

Así es como programamos a nuestros descendientes, desde bien pequeñitos, para que el día de mañana también sean carceleros y no lleguen a plantearse el auténtico sentido de sus actos, programados para confundir su monstruoso egoísmo con un supuesto “amor a los animales”.

¡Ya basta de tanta hipocresía!

Afrontemos la naturaleza de nuestros actos.

Sin subterfugios, ni excusas.

Digamos las cosas por su nombre, de una vez por todas.

Digamos que los animales son de nuestra propiedad y están a nuestro servicio.

Que tienen diferentes funciones como cualquier producto que adquirimos en una tienda.

Que algunos son para nuestro disfrute visual, otros porque da placer acariciarles y otros porque están ricos cuando nos los comemos.

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Y que nos importa muy poco lo que sienten.

Digamos que tenemos un perro porque necesitamos un objeto animado sobre el que depositar cariño y que nos suministre dosis de afecto gratuito sin pedir nada complicado a cambio.

Porque jamás nos dice nada que nos ofenda, ni nos recrimina nuestros fallos ni defectos.

Porque quizás seamos unos miserables, unos cobardes o unos mal nacidos, pero él no lo sabe y siempre nos da la razón.

Porque gracias a su obediencia servil, nos sentimos poderosos y eso nos permite ocultar nuestra patética vida de sumisión.

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Digamos que lo castramos para que no nos moleste e impedimos su sexualidad y sus relaciones porque nos resultan incómodas.

Digamos que nos auto programamos para amarlo y llorarlo cuando sufra, pero que haremos lo que sea necesario para que nunca sea libre y no nos deje solos.

Porque ante todo, es NUESTRO.

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De nuestra propiedad.

Como el coche, el televisor o las zapatillas.

Y digamos que aunque tengamos en gran estima a nuestro coche, cuando se haga viejo, lo sustituiremos por otro.

Y que con el perro, haremos lo mismo, porque tiene una función que cumplir: servirnos.

Esta es la realidad.

Y poco tiene que ver con el presunto “amor a los animales”.

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¿Qué significa realmente amar a los animales?

Amar a los animales es amar lo que son en sí mismos y no la función que cumplen para nosotros.

Amar a los animales es amar su libertad. Y eso implica saber y aceptar que no están a nuestro servicio.

Que no han nacido para “lamernos el trasero” cuando nosotros lo necesitemos.

Que no han nacido para que podamos acariciar su suave pelaje cuando a nosotros nos apetezca.
Que debemos aceptar que vivirán su vida como a ellos les plazca y dónde les plazca.

Que los pájaros volarán libres y nos costará ver sus plumaje y que nos tendremos que conformar con escuchar sus cantos, ocultos entre las ramas.

Que sabremos que los pececitos de colores nadan entre los corales, a pesar de no poder verlos.

Que las que ahora son nuestras mascotas corretearan libres por bosques o prados y se reproducirán libremente, lejos de nuestra mirada y de nuestro control.

Que pasarán frío, hambre y sentirán dolor, pero que también podrán disponer libremente de su tiempo de vida como ellos decidan.

Y que libremente devorarán o serán devorados, como debe ser.

En definitiva, deberemos aceptar que no son de nuestra propiedad.

Como tampoco lo son los mares, ni las montañas.

Como en realidad no lo es nada.

Pero si al final no somos capaces de soportar la auténtica realidad de la naturaleza, si al final preferimos seguir creyendo que los animales son de nuestra propiedad y que están a nuestro servicio, al menos tengamos la decencia de no ser tan asquerosamente hipócritas…

GAZZETTA DEL APOCALIPSIS

Fuente: http://gazzettadelapocalipsis.com/2015/03/18/una-reflexion-demasiado-incomoda/#more-2846

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Tu sagrada voluntad.

Dentro del proceso personal, del despertar de la conciencia, buscamos incansablemente, no solo la exposición de la verdad, sino también la solución al drama que acaba saliendo a la luz, tras esta revelación. Por mucho que persigamos el ideal de la verdad universal, esta se acaba transformando en leves destellos de múltiples hipótesis. No es tanto, dar con la verdad, como tomar nuestra conciencia recién despierta y hacerla participe y responsable, esto quiere decir, que nuestra conciencia toma la soberanía que le corresponde y hace de su voluntad un acto sagrado, un acto que ningún ente es capaz de doblegar, un acto consciente y responsable, divino. Se ha perseguido el concepto de la matrix y se ha buscado las causas de su mantenimiento, así como el método ideal para crear un plan de fuga, pero ninguno lo ha logrado, ya que si usamos toda la metodología que se ha ido filtrando a través de revelaciones, no conseguiremos más que mudarnos de celda, pero salir, nunca saldremos.

Tenemos que partir de la base, que esta pretendida matriz que nos mantiene presos a esta realidad, la construimos nosotros a través de distintos tipos de control mental, no se trata de desmontar el holograma, ya que ese holograma forma parte del universo, se trata de reducir los efectos hipnóticos que ejercen sobre nuestra mente estos elementos de control. Evitarlo pasa necesariamente por alejar la exposición. Alguien que tenga unos mínimos conocimientos de cómo funciona la hipnosis, sabrá reconocer como son las programaciones repetitivas a las que estamos expuestos, desde los distintos tipos de bajas frecuencias que recibimos y los medios audiovisuales, hasta las ondas de radio frecuencia y emisiones electro magnéticas. Un conjunto de tecnologías aplicadas a las ondas mentales que provocan que inconscientemente operemos según se espera de nosotros, indignados, coléricos, temerosos, expectantes, acomplejados y lo que es peor, esperanzados. Mientras hay esperanza, hay inacción, y nuestra voluntad se encuentra esperando el milagro, nos autoreprimimos y esperamos que mañana se produzca el cambio, pero evidentemente el cambio nunca llega. Es inútil poner fechas, por que significaría que seguiríamos inactivos, expectantes, esperando a la consecución de ese evento. Un claro ejemplo es la decepción acaecida en 2012, todos esperaban un cambio, pero esa esperanza no hace que se produzca ninguna acción que provoque ese cambio, es la voluntad de cambiar la que lo propicia, por tanto, para salir de la matriz de control mental y espiritual debemos apelar a nuestra voluntad, sin ella no hay acción, ni intención, por lo tanto seguiremos presos por propia convicción. 

Quizás veas tu voluntad como algo abstracto e inconcreto, algo que no puedes manipular y que no sabes como accionar adecuadamente para orientarla allí donde deseas. La voluntad trabaja junto con la intención, según sea manipulada tu intencionalidad, conseguirá que sea dirigida tu voluntad. La voluntad es la decisión que tomas de forma comprometida y concienciada, es como comúnmente se conoce como “dar la palabra”. Cuando das la palabra, te comprometes a realizar una acción por propia voluntad, y llevarla a cabo exponiendo nuestro honor en ello, ese compromiso nos da fe y fiabilidad, es un contrato contigo mismo. La voluntad opera de forma parecida ya que es un compromiso de llevar a cabo una acción y asumirla con todas las consecuencias, de forma responsable. Si adquieres el compromiso de salir de este sistema, deberás responsabilizarte, comprometerte contigo mismo y llevar esta acción por propia voluntad hasta su consecución. Si llegado el momento se te ofrecen distintas alternativas para retrasar ese compromiso, ya sea por apegos, por engaños, por manipulaciones, o por propia cobardía. Al final estas aquí por alguna de esas razones, adquiriste compromisos, aceptaste condiciones, asumiste culpas y volviste a purgar una falsa condena. Ahora sabes que eres preso, sabes que puedes escapar, pero no sabes como. Lo único que debes saber es, que si tomaste conciencia de tu estado, es difícil que repitas los mismos errores, es difícil que vuelvas a firmar por otra vida hipotecada en el sufrimiento, tu voluntad brillara y estará ahí para recordarte el compromiso que has asumido contigo mismo. Ahora ya sabes que para salir, solo hay que querer salir, negarte a cualquier tentación, a cualquier compromiso y no escuchar a ningún ente, que te trate de convencer de lo contrario, tenga la apariencia que tenga.

No hay reencarnación, no hay karma, no hay culpa, no hay purga y no hay necesidad de volver a repetir ningún ciclo, no tiene sentido y es contra natura. Se encarna por voluntad, con un fin y una intención. La intención necesariamente (yo diría, obligatoriamente) debe ser a través de un gesto de amor desinteresado (así llegaste aquí), no se encarna empujado por la culpa, o la necesidad de resarcir o purgar un acto “incorrecto” ya que al no ser dueños de nuestra propia voluntad, nuestro libre albedrío no esta operativo. El libre albedrío no seria mas que la acción (voluntad) consciente (con intención) y elección pre-meditada (responsable). Hasta ahora actuamos de forma hipnótica, autómata y sincrónica con la intención y la voluntad de terceros, por lo tanto tu libre albedrío se encuentra en un estado perpetuo de simulación (engaño) en el que tu voluntad y tu intención son guiadas a través de un recorrido prefijado y convenientemente canalizado (revelado), por lo tanto, eres un ser inconsciente e inocente, no tienes culpa, ni arrastras karma, ni hay necesidad de purgar nada, ya que fuiste inducido y no fuiste nunca consciente de esa inducción.

No viviste ni operaste bajo tu propia voluntad y cualquier explicación espiritual basada en la experiencia a través del sufrimiento no es mas que la justificación de la tortura innecesaria, un genocidio cíclico inútil, un holocausto gratuito. Este no es un juego avanzado en el que el alma se expresa a través del desconocimiento de si misma, esto es otra treta arcontica para continuar doblegando tu voluntad. Una voluntad que es capaz de fulminar (literalmente) a cualquier ente que ose burlarla o desviarla, por eso siempre somos “convencidos” y arrastrados a la necesidad. Esa necesidad que solo conoce lo material y que opera en lo mas primario de nuestra mente, es la necesidad la que es invocada para que nosotros veamos como algo lucido y lógico, el volver a caer en el ciclo reencarnatorio.

Ya no es cuestión, si se puede o no salir, la cuestión es si se quiere o no salir, porque el que quiere puede y no hay nadie que se lo impida, así de fácil, no hay mas método ni mas cuestión que querer realizar ese acto consciente, premeditado, con intención y con voluntad, obviar lo que te dicte la razón, y tomar lo que dicte tu interior, lo que sientes que es verdad, que es cierto, que es puro y real. No hay más código que ese, sin ritual, sin ceremonias, sin comeduras de coco, ni lenguaje críptico y complejo. La naturaleza es sencilla, la creación forma patrones armónicos, se muestra tal cual es, lo más sencillo y lo más natural, siempre es lo más adecuado. Somos libres, esa es nuestra naturaleza, somos como la lluvia, no importa si caemos en un pozo o en un prado, lo hacemos por amor, da igual el entorno, ni como sea este de corrupto, al final seguiremos siendo lo que somos y al igual que nadie juzga al agua cuando se evapora, tampoco debemos juzgarnos cuando tropezamos y caemos. Nadie te debe obligar a repetir, nadie por muy superior que se crea puede hacer que vuelvas, si no lo deseas, así que ahora estas ante el umbral que te muestra la salida de este entorno de control, ahora te toca a ti decidir si lo cruzas o no.

Lo positivo de todo esto es que es un simple ejercicio en el que podemos apelar a nuestra propia autoridad para abandonar una situación que ya no nos compromete, no nos identifica y no nos relaciona. Lo negativo (para alguno) es que desde ese preciso instante eres soberano y responsable de tus actos, por lo tanto tienes un libre albedrío real y deberás asumir las consecuencias de tus decisiones, esto a priori puede dar miedo, ya que hasta ahora hemos estado viviendo una simulación, siempre había alguien que nos decía que hacer, siempre nos guiaron y nos dieron a elegir, por lo tanto las consecuencias eran inducidas, después de retomar tu papel en esta historia, las decisiones y las consecuencias serán reales, aunque claro después de lo que has vivido y sufrido aquí, se me antoja complicado ir a peor.

Una vez que ejerzas tu voluntad, se respete tu soberanía y recobres tu memoria, entonces es cuando podrás decir que estas despierto, mientras, continuaras buscando dentro de un entorno de control, una pecera mental repleta de pirañas hambrientas. No es esencial conocer según que datos, según que informes, según que tretas, lo que si es esencial es tomar conciencia del estado en el que te encuentras, para llegado el momento, tener el poder de decidir sobre tu propio designio, tener el control de tu sagrada voluntad y poder elegir conscientemente tu próxima parada.

Publicado por Ruben Torres

Fuente: http://lacosechadealmas.blogspot.com.es/2015/03/tu-sagrada-voluntad.html

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La ilusión jerárquica de la Luz.

Partiremos desde la premisa, de la no existencia de ninguna jerarquía. No existen las jerarquías porque esto supone una violación de las leyes físicas, efectivamente son esas leyes que la física quántica ha descubierto recientemente y que el hermetismo guardo celosamente, pero que llevan ahí desde siempre. Las conciencias que habitan en las frecuencias mas altas de luz, no precisan ninguna jerarquía ya que esto supone poner a alguien por encima de alguien, lo cual contraviene todo tipo de estado superior de conciencia basada en el respeto y el amor al prójimo, por lo tanto, todo aquel que te hable de la jerarquía de la luz, o te engaña o tiene un interés oculto, alejado de cualquier intención positiva, ósea te esta adoctrinando.  Entonces si no existen las jerarquías, puedes pensar que el titulo induce a error, se puede dar el caso, pero veras como pronto lo comprendes todo. Como comienzo deberéis conocer mínimamente los principios de frecuencia y vibración que operan en el universo, supongo que la gran mayoría los conoce aunque sea mínimamente, estos se han extendido y se han popularizado lo suficiente como partir desde aquí. Una vez entendemos que todo vibra (o late) y que según esa vibración o latido, es emitido por el Ser encarnado, en la forma que sea, constantemente y por defecto. Todo esta en constante vibración, todo emite una pulsación y ese constante latir, puede ser medido, con lo cual, nos dará una frecuencia, que será mayor o menor según la longitud de onda que exista entre una pulsación y otra. Para que nos hagamos una idea, la tensión arterial se mide por la frecuencia del latido, entre las pulsaciones de las sistólicas y la diastolicas, también podemos tomar como ejemplo las pulsaciones telúricas de la tierra y como son recogidas como medidas de resonancia. El planeta también late, y sus pulsaciones son recogidas de dentro afuera y de fuera a dentro, creando una frecuencia de vibración medible por tanto el planeta en si es como si se tratase de un gigantesco corazón. Nosotros estamos unidos a ese latido planetario y copiamos esa resonancia, para emitirla al compás.

Una vez entendemos que todo lo que vibra en una frecuencia puede ser medido, podremos crear una escala, en la que clasificar esas frecuencias y medirlas en grados, formando una escala, similar a la musical, en la que cada tono tiene un semitono y se subdivide en octavas, exactamente así, es como se forman los distintos tonos vibracionales. Cada frecuencia lleva consigo su tono o grado, desde el mas grave o denso, al mas agudo y sutil, según elevamos la frecuencia, la curva de la onda se hará mas pronunciada y su emisión mas frecuente, por lo tanto mas elevada. Esto puede inducir a pensar, que cuanto mas elevada es la vibración, mas elevado es el Ser que la emite, pero eso es solo un error de percepción, ya que la frecuencia de emisión no tiene nada que ver con la esencia que alberga, ósea su luz. La luz es la misma, pero el pulsar de su frecuencia distinto, ni mejor, ni peor. Por eso, es sencillo caer en este error cuando se tiene cierto tipo de “contacto”. Por desgracia este error viene dado por el patrón que nos sirve de referencia, que no es otro que el nuestro. Somos seres emitiendo en una frecuencia tremendamente baja, por lo tanto todo lo que emita en una frecuencia mínimamente mas elevada, nos supondrá un autentico shock en todos nuestros sentidos.

Somos altamente sensitivos, recogemos fácilmente todas las frecuencias que nos llegan y las interpretamos bajo el patrón de vibración baja que actualmente somos, no podemos evitar sentir, todo nuestro cuerpo recoge y nos envía esas señales sensitivas, y las interpretamos bajo el prisma que nuestras creencias nos filtra, por lo tanto, entendemos que lo que emite en un rango de frecuencia superior al nuestro, es superior a nosotros jerárquicamente, casi un dios. Nuestras creencias se encargan posteriormente de encajar esa frecuencia dentro de una etiqueta, ya sean ángeles, maestros, guías, dioses… ya sea por inducción o por convicción, irremediablemente estaremos entrando en un callejón sin salida.

Es habitual que en las experiencias de contacto, exista un ser que es luz y amor, que irradia y contagia esa luz y ese amor, que se puede sentir y se puede experimentar en las propias carnes, por lo cual, nadie que le diga que ese contacto, es solo un acto de egoísmo, tiene para ese contactado el mas mínimo crédito, porque lo que él ha sentido, no es eso. Esto es cierto y no es culpa del contactado, si no se percata de la artimaña, ya que el patrón con el que medimos cosas tales como el amor aquí en este plano, no son correctos, por eso es tan sencillo engañarnos. Nuestro entorno, nuestra educación y nuestras creencias, forman una férrea estructura muy difícil de derribar. Un ambiente denso, donde la premisa es mantener tu frecuencia vibracional muy baja, tanto que cuando nos encontremos con un ser mezquino y egoísta, lo identifiquemos como un ser de luz y amor. El amor egoísta, hacia uno mismo, el amor ególatra, tiene una frecuencia vibracional y existe en el espectro lumínico que la energía del amor emite, es un amor de frecuencia baja y luz bastante pobre, pero a fin y al cabo es amor. Este escaparate puesto ante el ser humano que vibra en el miedo, la culpa, el menosprecio o el complejo, un ser humano apagado casi por completo, cuando finalmente se topa con un ente que emite la pobre luz que su ego y su amor ególatra le permiten, irremediablemente caeremos en la trampa, al pensar que estamos ante un ser superior, si este posteriormente nos muestra la tan ansiada etiqueta, prácticamente seremos pasto de los lobos.

Nuestra sociedad esta construida para que nos creamos inferiores a los seres más inferiores que existen en el universo, los parásitos. Aquellos que viven de las migajas, son los que controlan el pasto por el que campas a tus anchas. Igual que no verías lógico que un simple piojo tomase tu cabeza y tomara las decisiones por ti, no se por que vemos lógico que estos piojos dominen nuestro espíritu y controlen nuestra conciencia. No son superiores a ti, simplemente encontraron el interruptor y te apagaron, para ser ellos los únicos que emiten luz, esa falsa luz, que no es mas que falso amor, un amor que solo profesan hacia si mismos, una luz que no alumbra a nadie, mas que a si mismos. Estos dioses egoístas, estos maestros que no enseñan nada que no sepas, estos guías que solo muestran el camino a las fauces de estos parásitos, emiten una frecuencia superior, solo porque nuestra escasa luz, emite en una frecuencia tan baja y limitada, que apenas nos sostiene con vida, por eso enfermamos y por eso morimos. Nuestra luz es tan débil y los parásitos tienen tanta hambre que apenas nos queda energía para cubrir nuestras funciones más básicas.

Si tomamos como referencia los 33 grados de la masonería como ejemplo (no creáis que es casual que utilicen 33 grados para jerarquizar la “iluminación”), para medir las frecuencias vibracionales de la luz, nosotros estaríamos existiendo dentro de los grados más bajos, entre el 3 como mínimo y el 8 o el 10 como tope máximo. El sistema parasitario se encargaría de que nuestra frecuencia estuviera en los rangos mas bajos posibles (3-5), para que la frecuencia de estos parásitos de falsa luz que emite por lo general por encima del grado 10 de frecuencia, y así aparentar ser dioses, plenos de luz y amor, cuando en realidad son como peces abisales, una pequeña luz que esconde un depredador en un fondo pleno de oscuridad. De no ser manipulados, nuestro rango de frecuencia vibracional estaría por encima del 30, porque el amor incondicional que profesamos debido a nuestra divina conexión con el universo, es lo más poderoso que existe, pero ellos están limitados a los rangos más bajos que emite esa luz de amor desconectado de todo. Desde esa posición, no pueden elevar su frecuencia, por lo tanto están anclados en esos rangos y mantenerlos supone una dedicación exclusiva a la parasitación energética constante sobre el Ser humano. Esto no es irreversible y ellos podrían volver a conectarse si quisieran, solo tras la toma de conciencia, podrían enmendar su error, para ello deberían encarnar y sufrir en sus carnes, el peso de la ley de causa y efecto, pero se niegan este derecho por miedo a esas consecuencias y prefieren seguir parasitando para alimentar esa pobre luz, engañándose, haciéndose sentir dioses, en vez de Ser Dios como todos los demás.

Podemos elevar nuestra frecuencia, podemos ser “jerárquicamente” superiores a ellos, de hecho lo somos, pero seguimos acomplejados y no nos creemos nada de esto. ¿Cómo va a ser verdad eso? Esta duda esta sobrevolándonos como un buitre constantemente, la sombra de la autoduda siempre nos impide ver la verdadera luz que esta ahí, esperando ser encendida. Vivimos en un estado constante de stand by, para pulsar esa luz, solo debemos ser felices con lo que somos y no tratar de cumplir ninguna expectativa, amar al prójimo, a nuestra pareja, y a nuestros hijos, si esperar que ellos llenen ningún vacío, sin esperar que cumplan ningún plan, ni alcancen ninguna meta. Llego el momento de contactar con tu Ser, ese es el único contacto que deberíamos de perseguir. Solo lograremos el salto quántico que explica la nueva ciencia, cuando logremos encender la luz, que tenemos casi extinta. Es una lastima que esto este empezando a sonar manido y manoseado, pero creo que aun muchos no han entendido o no han encontrado el cofre del tesoro que llevan dentro. Es fácil caer en los estupidismos de los imbéciles que alientan la razón pura, la lógica de lo ilógico, como única vía para palpar algo, que esta bajo su piel, pero allá cada uno con sus decisiones.

Como decía al principio, no hay jerarquía, y pensar que eres más o menos que nadie es solo una ilusión inútil, pero continuamos comprando esa jerarquía de la luz, como una verdad absoluta y tangible. Ellos la usan y la enseñan por que es la única forma de sentirse superiores, sin llegar a caer en la cuenta de esa trampa de la que ellos mismos son también presos. Un escalón no te hace ni más alto, ni superior. Esa es la pantomima que nos están mostrando constantemente. Como niños ante un guiñol, los miramos con admiración y nos regodeamos ante su presencia, creyéndonos en contacto con seres superiores, cuando el único ser superior al que debes tener acceso desde ya, eres tú mismo. Pocas son las personas que ponen en tela de juicio su contacto, sus complejos les lleva a verse arrastrados por ese fenómeno que los convierte en seres “especiales” tocados por la varita mágica de la luz divina. Tontos útiles que canalizan a un parásito, con el que congregar ganado a su menú del día. Si dudas de esto, es que no entiendes que ningún ser que te respete mínimamente, tratara de adoctrinarte con información que pueda encajonar tu razón en un sistema de creencias, por muy buena que sea su intención, esto es algo que todo ser positivo conoce, y se cuida mucho de retorcer deliberadamente tu libre albedrío, hasta que esto no se entienda seguiremos con esta china en el zapato.

No se trata de reconocer tu oscuridad, porque ya eres oscuridad, vives en la total oscuridad y emites toda esa negrura a tu entorno, es por ello, que la historia humana y el mundo que la albergo, fue siempre un valle de lagrimas. Reconocer la oscuridad, creo que pasa por reconocer nuestra ignorancia, por reconocer lo estúpidos que fuimos al dejar que esa jerarquía nos pisara el cuello con todo su amor y su luz, solo a partir de reconocer esto, podremos pasar pagina, tirar toda esta creencia a la basura y empezar a brillar con luz propia, elevando la frecuencia de nuestro latir, siendo felices y en paz con nosotros mismos y con los que nos rodean, reconociéndonos como ser de luz y comenzando a manar una vibración que nos de una patada quántica en el culo de una vez por todas y salir de esta granja como un rayo.

Publicado por Ruben Torres

Fuente: http://lacosechadealmas.blogspot.com.es/2015/03/la-ilusion-jerarquica-de-la-luz.html

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El Anatema Solar.

El sol es uno de lo grandes desconocidos, lo vemos a diario, pero lo ignoramos todo sobre él. Desde la ciencia nos lo venden como un gran orbe incandescente, una gran amenaza, un riesgo latente y desconocido. Sus tormentas y eyecciones son tomadas como un ataque, como un riesgo para civilización y nuestra propia salud (en realidad solo pone en riesgo su sistema). Hemos comprado muchos falsos conceptos que otorgan al sol propiedades muy contrarias a las reales. El sol da cáncer, nos quema la piel, nos deja ciegos… infinidad de conceptos erróneos y sin fundamento. El sol no da cáncer, todo lo contrario, sin el sol somos incapaces de procesar el alimento, la radiación solar es la base de nuestra alimentación y sin su radiación nos marchitamos, entramos en cuadros depresivos y nos apagamos lentamente. El sol nos quema tras una exposición prolongada, si, pero solo porque nos manipularon para evitar nuestra exposición al sol, los melanomas, los crean los químicos que contienen las cremas de protección solar, junto con la influencia de los químicos que portan los alimentos procesados. El sol es nuestro aliado y debemos preguntarnos porque de entre todos los seres que habitamos el planeta, es la piel humana, la única que se quema al exponerse a su luz.

La radiación solar esta íntimamente relacionada con la activación pineal, sin sol esta glándula se marchita y se atrofia, empezamos a dormir mal, a no descansar… somos seres diurnos y necesitamos sol, como todos los seres vivos que habitan esta tierra, por muy inteligente que te creas, tu metabolismo necesita los mismos nutrientes que una planta, agua, sol y sales minerales. Aparte de la acción de diversos químicos camuflados en la alimentación industrial, la falta de sol es lo que provoca que nuestra glándula deje de funcionar correctamente, nos tapamos nuestros ojos con gafas oscuras y cubrimos nuestras cabeza con gorras y con ello nos privamos de los beneficios que aporta la radiación solar sobre nuestra pineal. El sol es el peor enemigo, de nuestros enemigos. El sol, es el que nos ayudara a derrocar el nuevo desorden mundial que nos querían implantar, es un elemento fundamental con el que debemos empezar a contar como afín a nosotros. No es difícil encontrar una relación en la simbologia religiosa, donde el Sol y la glándula pineal forman parte de la adoración oculta, no siendo quizás una "adoración" sino una señal de la forma correcta de hallar la verdadera senda, el verdadero conocimiento.

Otro de los engaños fue que nos vendieron el sol como una inmensa bola de fuego y no es así, el sol no arde, ni tiene ningún tipo de incandescencia, esto es bastante improbable, por no decir imposible. El sol no es un orbe incandescente, el fuego no es un elemento natural, por lo tanto no existe ningún orbe que genere fuego o incandescencia, es un orbe compuesto de distintos tipos de plasmas, aparte de esto, el sol es una gran conciencia, que irradia toda la materia a su alcance y que gracias a ello se crea la vida. Su radiación es vida, su energía la forma la misma sustancia de la que estamos hechos, nosotros somos pequeños soles irradiando energía constantemente y de forma ilimitada, por eso nos retroalimentamos con la energía solar, por eso todos los seres vivos la necesitan y viven gracias a ella. No confundir esto con el “sungazing” o cualquier ritual solar que nada tienen que ver con esto. El Sol, como todo lo que existe en este planeta, puede ser positivo o negativo dependiendo de su uso.

La energía solar es fría en su origen, nosotros la percibimos caliente, por que nos llega tras haber atravesado nuestra atmósfera, lo que provoca que exista fricción y las partículas irradiadas se calienten cuando llegan finalmente a nosotros totalmente ofuscadas. Si fuera caliente como creemos comúnmente, los astronautas no tendrían que protegerse de las bajas temperaturas que hay en el espacio abierto. A mayor altitud menos fricción encuentra la radiación, por lo tanto menor temperatura, esto es algo que no necesita ningún estudio, es puro sentido común, que la luz solar nos llegue caliente es solo la consecuencia de la fricción al entrar en nuestro entorno, igual que cualquier objeto que entre en nuestra atmósfera acabara por calentarse y finalmente desintegrarse debido a esta fricción, algo así como un efecto lupa.

El sol es el elemento principal que provocara el cambio de conciencia en el Ser humano, su radiación ira creciendo exponencialmente y sus tormentas provocaran eyecciones superiores a las registradas, seremos irradiados irremediablemente y nada podrá evitar esto. Solo los que vivan en el miedo y el apego a la materia, serán incapaces de modificar su estructura conciencial y preferirán ser evacuados o vivir en una cueva. Una vez seamos bañados por esa luz, se activaran todas nuestras glándulas cerebrales, se activara nuestro ADN y catalizaremos de distinta forma la energía que recibimos y emitimos, ya no seremos emisores de baja frecuencia, por lo tanto ya no seremos un recurso aprovechable, para los entes regresivos que nos pastorean. Las bajas emisiones basadas en el miedo, la ira o la rabia, dejaran de pertenecernos, nos desprenderemos de todas las bajas emociones y sus bajas emisiones, cambiaremos de frecuencia y nos transformaremos completamente, despertando por fin todas nuestras capacidades castradas.

Por fin nos saltaremos todos los controles. Tras la vida física, nuestra conciencia volverá a unirse a la conciencia solar, que es nuestro padre. El sol siempre fue adorado como un Dios en la antigüedad, porque es nuestra conciencia padre, igual que nuestro planeta es nuestra conciencia madre. Nos impidieron volver al sol reencarnando inútilmente una y otra vez, en un ciclo artificial, que caerá y propiciara que volvamos a unirnos con la conciencia solar que baña nuestros amaneceres físicos. Nos tumbamos al sol instintivamente, sin percatarnos que añoramos su abrazo, su caricia en la piel, su calor real.

Esto no será general, aunque nos afecte directamente a todos, todos no mutaremos, debido a que muchos aun viven operativos únicamente gracias a su cerebro reptil. Viven conformes a las formas más primarias de existencia, las más instintivas, las más básicas. La territorialidad, la supervivencia, la competitividad y la filiación, aun forman parte de ellos y no comprenderán este  salto. Unos recibirán y aceptaran la verdadera luz que llega a ellos, y otros la temerán y se refugiaran de ella. Posteriormente una vez amaine la tormenta, aquellos que prefirieron no afrontar su miedo, tendrán que esperar al próximo episodio lo que quizás les acarreé una espera de miles de años, pero esto da igual al fin y al cabo no existe el tiempo ¿no?

Quizá esto sea solo una creencia personal sin fundamento, una conjetura, algo que ni siquiera podría ser llamado hipótesis, porque estamos tan empapados de hechos futuribles, que finalmente no llegaron, que pensar que algo tan sencillo como transformarnos al sol, no puede ser tomado en cuenta y es lógico pensar así. Nada ni nadie deben convencerte de ninguna verdad, esto es solo una apreciación y si al final el sol es nuestro hogar, nuestro remanso tras la muerte, es algo que con el tiempo se vera. La luz verdadera, la luz que irradiamos es tomada de la fuente, pero nadie te dijo de donde manaba esa energía, no nombraron esa conexión, nos la describieron, pero jamás la ubicaron, como pensar que algo que esta ahí encima nuestro a diario es el nudo neuronal al que estamos unidos, es el núcleo mas próximo que nos une a Dios. Esa conciencia que llamamos Sol es el fractal divino mas evidente, el a su vez esta conectado al nudo solar de la galaxia y este a su vez al nudo solar del universo. La matriz universal es tal cual a una red neuronal, nosotros somos nodos interconectados a un nodo principal y a su vez este a otros. La física mas avanzada nos expuso esto, por que seguimos pensado que la espiritualidad no es física, porque seguimos creyendo que una vez dejamos este plano físico, nos vamos a otra dimensión, cuando quizá no es así, el espacio es el mismo y el entorno en el que nos movemos también.

Cuando acabes de rendir cuentas aquí, cuando tu trabajo aquí se haya finalizado, la única luz a la que debes partir es a la que emite el Sol, que es la conciencia que rige nuestro sistema, es desde donde podrás partir al lugar del que viniste si así lo deseas, allí recobraras tu memoria, tu verdadera identidad y tu verdadera esencia, desde allí volverás a Ser. Anatemizaron el sol, nos despegaron de él, nos obligaron a temerlo, a rehuirlo. Utilizaron toda la tecnología a su alcance para evitar que su luz llegara a nosotros, encapotaron los cielos, nos obligaron a defendernos de un ataque que jamás existió. El sol es más que una estrella, es una puerta abierta al cosmos y es a él, donde debemos enfocar nuestra voluntad a la hora de partir.

Fuente: http://lacosechadealmas.blogspot.com.es/2015/02/el-anatema-solar.html

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El Psicópata Infiltrado.

Toda pareja que inicia su propio proyecto de vida en común, ve el futuro como una hoja en blanco, que ir llenando con las cosas típicas, de las típicas cosas que tiene ese proyecto de vida en común que se inicia, pero siempre con la meta de superar a la anterior generación y no cometer esos errores que tenemos muy claro que se cometieron. Nos prometemos pulir y dar brillo a esos matices, que generaciones anteriores no supieron o no pudieron matizar, hasta que llega el momento y caemos en la cuenta que la historia se repite y los mismos errores entran en el bucle familiar, como si de un engranaje invisible se tratara, una maquinaria suiza perfectamente sincronizada y engrasada, que acaba provocando que volvamos a tropezar en la misma piedra generación tras generación.

Es inútil buscar culpables, es inútil intentar dar con la solución, por que la causa del desastre esta tan incrustada en el núcleo, que es imposible extirparlo sin destruir la familia al completo. Sabemos que en todas las casas cuecen habas, no existe la familia modelo, la familia utópicamente ideal, es solo posible en un serial de la tele. No existe la familia que no guarde algún rencor, que no albergue oscuridad, que no tenga uno o más elementos tóxicos, perturbadores sin sentimientos, ni remordimientos. Somos capaces de identificar el cáncer en la familia del vecino, pero jamás veremos la metástasis en la nuestra, siempre veremos nuestra familia bajo el prisma engañoso de la normalidad, esa normalidad que por desgracia, se identifica en lo contrario de lo correcto. Conocerse, comprenderse y perdonarse, es un ejercicio que solo una persona con conciencia puede realizar, una persona que alberga sentimientos, que siente el amor y la empatía a flor de piel, que tiene alma.

Una vez que conoces como funciona el sistema reencarnatorio artificial, solo es cuestión de sumar y seguir, no solo vivimos en un entorno hostil, no solo sufrimos y enfermamos, no solo vivimos y morimos en la completa ignorancia de quienes somos, no solo nos envenenan y nos mal nutren, no solo controlan nuestras mentes, también controlan nuestra familia.

Conocemos la psicopatía como un elemento mas en un sistema social desarraigado y desconectado de la energía amor, esto crea que la psicopatía forme parte del engranaje que mantiene este sistema vivo. Es necesario ingresar elementos psicópatas en los núcleos familiares para que aquellos que manan amor sean drenados y se desconecten casi definitivamente de esa energía que llega a ellos. Un padre, una madre, un hermano o hermana, siempre hay un elemento discordante, un elemento sin conciencia, que influirá negativamente e intoxicara constantemente, para que el resto de los seres que conviven en esa constelación se apaguen y se disocien.

La ciencia dogmática trató de encerrar la psicopatía dentro de un tubo de ensayo. Localizar y aislar el gen psicópata, pero no es algo genético, la psicopatía es solo cuestión de tener o no tener conciencia. Alguien con conciencia jamás conspirara para que otro ser consciente sufra, los seres con conciencia, con alma, estamos conectados unos a otros y percibimos el dolor ajeno instantáneamente, somos incapaces de ejercer dolor y sufrimiento deliberadamente, sin que finalmente un remordimiento pese en nosotros tanto que nos sea prácticamente imposible volver a nuestra vida cotidiana en perfectas condiciones. Sin embargo un elemento psicopático dentro de la familia, creara situaciones dolosas prácticamente sin descanso, creara discordia, intoxicara, conspirara y envenenara las mentes, para alimentar su necesidad de centrar la atención y hacer que todo gire al son que toquen sus palmas.

Estos elementos psicopáticos son insertados en los núcleos de los grupos de almas que encarnan en la Tierra, como elemento discordante. Nacemos sin memoria y sin la capacidad de reconocer las almas que nos acompañaron cuando llegamos aquí, estos elementos discordantes son infiltrados en esos grupos de almas, para disociar la armonía que mana de forma natural entre esos seres. La afinidad es la capacidad para identificar en la energía amor que emite el alma, a aquellos que vibran en una frecuencia similar. Al ingresar de forma estratégica, humanos huecos en esos núcleos almicos, se crea una ofuscación y se baja la frecuencia vibracional, des-afinando por completo a esos seres y esa identidad frecuencial de afinidad en la que sentirse identificado y reconocido, por lo tanto, esa fuerza de afinidad logre poner en serio peligro el proceso de borrado de memoria y el posible control mental que se pretenda ejercer sobre ese grupo.

Es difícil traspasar el umbral de la sangre y reconocer al psicópata infiltrado entre tus afines. Tu familia es tu refugio, allí donde encuentras el remanso y la comprensión. La familia aporta equilibrio y estabilidad en tus emociones y felicidad en tus obras. Ese es su principal cometido, crear un entorno de paz y armonía entre seres afines, más allá del vínculo sanguíneo. No debemos caer en la paranoia, al tratar de identificar al elemento discordante dentro de tu núcleo, tampoco se trata de etiquetarlo como psicópata a pesar de que quizá su perfil lo indique. Debemos superar esa barrera y tratar de no caer en las trampas que nos pongan, demostrar que tenemos conciencia y capacidad de mostrar sentimientos y no caer en el prejuicio y la condena prematura.

Es relativamente sencillo identificar a un psicópata, por lo general sus emociones son impostadas y sus lagrimas de cocodrilo, son incapaces de sentir nada y lo único que hacen es imitar conductas, decir lo que queremos oír y actuar como esperamos que actúen, pero su falta de conciencia les delata y es fácil ver que les importa poco lo que sientas y desconocen totalmente que es la empatía o el amor. Solo conocen la posesión material, tener y poseer es su vara de medida, catalogan a las personas por sus posesiones y su rango de percepción es netamente físico. No guardan ningún tipo de espiritualidad, duda existencial o filosófica, son autómatas de carne y hueso, materialistas e impostores. En cada familia existe como mínimo uno, pero es muy probable que haya más de dos, incluso parejas que ambos miembros son psicópatas, pueden llegar a tener hijos con conciencia, esto es realmente paradójico, pero existe.

Los señores de la falsa luz que presiden el consejo (o juicio), insertan estos elementos. Incluyen psicópatas en el escenario, un elemento mas dentro de un gran abanico de herramientas para controlar la mente de aquellos que no deben ni quieren que sean despertados, no pueden consentir que la nube que nubla los recuerdos de esas conciencias se disipen. Con el tiempo y a pesar de lo mal que nos lo hagan pasar estos entes tóxicos, acabamos amando y perdonando su irracionalidad, y cuando estos psicópatas mueren esperamos y deseamos lo mejor para ellos, nuestra capacidad de amar indiscriminadamente, nos hace llorar la perdida de quien peor nos lo hizo pasar, pero es ciertamente en vano, puesto que estos cuerpos huecos, al morir, no trasciende nada de ellos, son meros trozos de carne esperando pudrirse, sin esencia, sin alma, así que en el otro lado, no los encontraremos, no estarán, porque nunca pertenecieron a nuestro grupo, solo son muñecos con vida, cáscaras vacías, materia.

El enfrentamiento que arrastra el ser humano, entre clases, entre razas, entre hermanos, es consecuencia del desorden que inyectan, Son adictos al caos, gracias a ese caos, salen ellos beneficiados. Están racionalmente programados para encontrar la lógica a la muerte y la destrucción, se alimentan del dolor y encuentran en él, el sustituto perfecto a su insensibilidad. Insertados en todos los estratos sociales, forman parte de la disonancia vibracional, en la jerarquía piramidal con la que forzosamente tenemos que lidiar. No podremos aspirar al progreso hasta que estos elementos no dejen de ser mimetizados en el orden social y familiar, no podemos aspirar a un progreso netamente humano mientras estos robots biológicos sigan operando, formando parte de una humanidad a la que jamas pertenecieron. No podremos despertar la conciencia de alguien que no la tiene, es imposible hacer entender el proceso conciencial que es necesario para ir abriendo el paradigma encorsetado de la realidad a un ente biológico no sintiente. Despertar a que, nunca podrá despertar alguien que justifica y apoya las leyes inhumanas que permiten que un ser humano sufra, enferme o muera democraticamente. La dictadura de la inconsciencia, la depravación como deporte de masas, servida a la hora de la cena, psicópatas dirigiendo los designios de nuestros destinos, psicópatas en casa, en el trabajo, en el estado, un mundo psicópata creado por psicópatas, que se camuflan y operan desde la sombra, psicópatas infiltrados gobernando nuestra conciencia, solo queda preguntarse… ¿Hasta cuando?

Publicado por Ruben Torres

Fuente: http://lacosechadealmas.blogspot.com.es/2015/02/el-psicopata-infiltrado.html

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SELECCIONES

Hay Seres cuya naturaleza divina está más presente en esta existencia que en la de otros, sea por el motivo que sea, la unión entre el cielo y la tierra es simplemente mágica. Su conexión con los Mundos Superiores es nata, y si se dan la oportunidad de escuchar a su Ser, la comunicación fluye como un rio entre el bosque cuya música al pasar entre las hojas, ramas y piedras de su cauce, serena todo el entorno circundante con un suave murmullo de frescura. Hoy ha llegado el momento de escuchar a uno de ellos, un Ser maravilloso que casi desde el comienzo de DDLA, ha aportado siempre esa frescura con su suave murmullo, un Ser al que le tengo gran aprecio y sumo respeto, pues siempre me ha demostrado ser justo y coherente en su accionar con el prójimo, y nunca se ha enredado en los juegos que el ego con astucia propone. Han intentado suplantar su identidad y aprovecharse de su silencio, pero no lo  han logrado, porque no pudieron suplantar su fresca, suave y contundente energía. Hoy me complace que no sólo puedan leerla, sino también escucharla, pues el sonido de su voz expresa el canto de los Mundos Superiores transformando la naturaleza en pájaros, que escuchan atentos el suave murmullo de ese río en el bosque, refrescando el alma y regocijando el espíritu transformado en naturaleza. Gracias Violeta, sigue aportando lo que bien sabes hacer.

http://www.ivoox.com/playerivoox_ee_4042677_1.html

Fuente: http://detrasdeloaparente.blogspot.com.es/2015/02/selecciones.html

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El engaño de la Ascensión espiritual.

En el mundo espiritual existe el convencimiento que tras este plano existencial y terrenal, llega a modo de recompensa, y tras un periodo obligatorio de iluminación, la mal llamada ascensión. Una de las metas mas voceadas estas últimas décadas, por todos esos gurús, es la de la ascensión. De algún modo y tras limpiar nuestro "karma" y tras unos años de meditación y contemplación, llega la ansiada iluminación, donde la comprensión del Yo y el dominio del ego son una realidad, con ello llega la tan ansiada elevación espiritual, donde abandonamos la pesada carga del entorno y el cuerpo 3D y nos preparamos para subir un escalón evolutivo y nacer en esas 4D o 5D, según la “fuente” a la que recurras. En esta ascensión nuestro Ser llega al estado crítico y nos convertimos en maestros ascendidos, unos Budas o Jesús cualquieras (según el paradigma del ascendido), que llenos de luz y de amor, a partir de ese momento y desde nuestra altura espiritual, tutelaremos a los pobres seres 3D que una y otra vez caen en los mismos errores. Los tutelaremos y los guiaremos para que encuentren la senda, el camino correcto de la sabiduría y la iluminación. Llenos de un halo de santidad, irradiaremos con nuestra luz a esos pobres corderitos, que cegados por su malévolo ego, siguen sin ver el camino de la rectitud y la espiritualidad sin pecado concebida.

La ascensión, como bien indica el termino, supone una elevación, sumar un grado mas en nuestra escala o lo que es lo mismo, colocar un galón en nuestro uniforme. Ser ascendido, supone estar por encima de… ser superior a… o mas que… esto supone una situación jerárquica, que sumado al etiquetado que recibes, tras esa premiada ascensión, te coloca en un escalafón claramente piramidal, por lo tanto muy poco espiritual y muy poco elevado. Seguir los pasos que marcan esos guías y maestros, para lograr la ascensión, supone la aceptación de unos términos pre-pactados para sumarte a una jerarquía que toma un camino muy definido y apartado de lo que se supone, ser un garante del valor humano y la espiritualidad positiva, guiada por la energía llamada alma.

Una vez te gradúas en el juego, una vez eres iluminado por la falsa luz y ascendido, pasas a formar parte de las huestes demoníacas, servidores del demiurgo, pasas a ser un arconte parásito. Este es el contrato que aceptas y firmas, un contrato sin finalización definida y con unos beneficios suculentos a corto plazo, pero al fin y al cabo esclavizadores, para toda una eterna temporada. Tras la farsa de la ascensión, llega la cruda realidad, los señores de la falsa luz se quitan las caretas y te dan la bienvenida, ahora formas parte de ese club selecto, formas parte de la jerarquía servidora del demiurgo, formas parte del equipo de la falsa luz. El ascendido toma conciencia del engaño, toma conciencia del juego al que a jugado, conoce perfectamente sus cartas y sabe que esos tahúres trucaron todas las manos. Saben, y al saber, comprenden en que clase de agujero se han metido, pero por desgracia todos caen y todos aceptan el contrato.

Esos maestros iluminados que aprendieron a controlar y dominar su ego, esos gurús, que dieron lecciones de ética espiritual a sus acólitos, ahora conscientes del pacto que van a cerrar, caen en la vanidad de creerse superiores y aceptan tentados por el hecho de ser un guía o un maestro ascendido, al cual, van a llegarle todo tipo de energías manadas en su nombre, perpetuado por los siglos de los siglos, escrito a fuego en la roca del tiempo y escribiendo tus enseñanzas a través de los canales que tu elijas, para desarrollar tu vanidad mas acuciante. La contraposición es que te veras obligado a parasitar todo aquello que se acerque a ti, serás un guía, un maestro, un parasito hambriento perpetuamente. Tendrás que mentir, engañar y embaucar para poder sobrevivir, estarás desconectado de la fuente y tu alma será como una vieja pila salina que siempre esta medio gastada.

Preso en el paraíso, mostraras falso amor y falsa luz, para engañar a esos pobres corderitos que sacrificaran su esencia energética, para que tú les vampirices, mientras están hipnotizados por tu presencia y tus artimañas. Ellos ahora forman parte de aquello que odias, por que ellos si son divinos y tienen toda la energía del universo para si, mientras que tú solo eres un personaje mas en el conglomerado jerárquico piramidal, de un loco desquiciado, que un día se propuso ser dios y condeno a toda la humanidad. Encerró la energía de Dios en una caja, como el loco que quiso atrapar rayos de sol en un bote de cristal. Ese perturbado demiurgo, encerró en su locura, todos los rayos que pudo en esos botes llamados cuerpos y los metió en un bonito armario llamado Tierra. Esta inagotable despensa es su único sustento, lo único que permite que su sueño se materialice y nunca termine, que su locura sea factible y que esa rebeldía adolescente nos cueste miles de años de presidio injusto.

Aquellos cobardes que ascendieron y lo miraron a los ojos, se dejaron embaucar y se pusieron a su servicio. Aceptaron las reglas que les mostraron y permitieron que sus hermanos continuaran encerrados en esa despensa diabólica, tuvieron alternativa, pero nunca la sopesaron. Solo debían aceptar su responsabilidad, hacer valer su voluntad y reclamar su soberanía, pero prefirieron tomar un papel secundario, a ser los héroes del cuento. Todos en algún momento tendremos que elegir, todos llegaremos a ese momento en el que se nos ofrezca subir un escalón, abandonar la despensa, dejar de ser un bote mas almacenado en un armario, pero a cambio vender tu alma a una causa estéril. Siempre pudiste elegir, siempre podremos, pero como siempre, los ojos de Medusa nos convierten en estatua de sal.

Ángeles, guías, maestros ascendidos, arcontes parásitos, vasallos, plebeyos sirvientes de la oscuridad disfrazada de una luz, que solo existe atrapada en una realidad encapsulada en piel y huesos. Mentes ilusas, niños que juegan con la arena de una playa virtual, una guardería de almas que esperan que llegue a recogerlos un padre que en realidad son ellos mismos. Ese es el engaño, esa es la trampa, la farsa del tiempo, la espera eterna, hasta que finalmente comprendamos cual es, nuestro verdadero rol. No existe la ascensión, ya somos luz, ya hemos ascendido todo lo que debíamos ascender, solo debemos salir de la guardería y reconocernos como tutores.

El control mental, materializado en forma de creencias, tradiciones e identidad, son las herramientas que en manos de estos entes, retuercen a su antojo hasta exprimirnos como simples limones. Somos catalizadores, nos crearon para sintonizar unas determinadas frecuencias emocionales, que a través de dial de nuestra mente, solo precisan una mínima presión en esos centros, para manar la energía que necesitan como simples maquinas de vending. Tenemos un potencial infinito, una capacidad demoledora, somos un manantial inagotable de energía, porque estamos permanentemente conectados a ella, pero acotaron nuestro rango, para solo servirles exclusivamente lo que precisan. Somos los creadores universales, tenemos capacidad para materializar universos completos, pero nos han reducido a simples dispensarios de energía. Somos la droga del demiurgo, su dosis diaria lista para ser consumida, un chute de la energía de Dios directa en vena.

No existe la ascensión, no hay jerarquías en el universo espiritual, no hay dualidad, no hay karma. Todo esto es solo una puesta en escena para que ninguno veamos la tramoya, el decorado y el público que observa y disfruta del espectáculo. Tiene que ser ridículo y dar bastante vergüenza ajena, como hemos caído en la trampa siendo totalmente plenipotentes. Creernos el cuento de la culpa, el miedo y el sufrimiento, enfermar por deseo propio y morir aun sabiendo que es imposible morir. Los señores de la falsa luz se lo deben estar pasando bomba con este lamentable espectáculo, tropezando durante milenios con la misma piedra, viendo al mismo payaso estamparse la misma tarta en la cara, una y otra vez. La reencarnación de cabaret y estola de plumas, una comedia en la que el actor es el único que no sabe que actúa y el director de la obra, es un acomplejado con pésima autoestima, que necesita que le doren la píldora para sentirse importante… un dios.

Publicado por Ruben Torres

Fuente: http://lacosechadealmas.blogspot.com.es/2015/01/el-engano-de-la-ascension-espiritual.html

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